Vivimos en el infinito
No infinito en el sentido de "muy grande" o "sin límites", sino infinito de una manera más fundamental: todo lo que existe está ocurriendo simultáneamente en un ahora interconectado. No hay un pasado cósmico almacenado en algún lugar, ni un futuro predeterminado esperando desplegarse. Solo existe el presente infinito — la realidad ocurriendo ahora, desde lo microscópico hasta el cosmos, sin centro y sin dirección última.
Frená un segundo y pensalo. Intentá captar la idea de que todo, en todas partes, está ocurriendo ahora mismo. Desde la galaxia más lejana hasta los átomos en cada centímetro de tu cuerpo. Y que no hay nada más fuera de eso, ni en el espacio ni en el tiempo.
Pero los humanos no somos el centro de esta realidad infinita. La realidad no fue hecha para nosotros. La especie humana es una particularidad entre infinitas particularidades, y a la realidad le es completamente indiferente si existimos o no. Esto puede sonar desolador, pero este ensayo argumenta lo contrario: es un motor para vivir una vida que valga la pena.
Creación de sentido: La herramienta humana
Frente a una realidad infinita, radicalmente indeterminada e indiferente, los humanos desarrollamos la herramienta de coordinación más sofisticada que jamás haya emergido de los procesos evolutivos: la creación de sentido.
La capacidad de generar marcos compartidos que condensan la abrumadora complejidad de la existencia en estructuras navegables. Cuando decimos "democracia" o "libertad", no estamos descubriendo verdades eternas escritas en el tejido de la realidad. Estamos construyendo sentidos que hacen posible y valiosa la acción colectiva.
Esta es la ventaja evolutiva de la humanidad. Los sentidos delimitan opciones infinitas para la acción, reducen la indeterminación lo suficiente como para hacer posible la vida social, permiten la coordinación a escalas que otras especies no pueden alcanzar.
Tres etapas de la creación de sentido
Podemos decir aproximadamente que la creación de sentido evolucionó a través de tres etapas principales:
Intuición animal — la respuesta directa y prelingüística del cuerpo a estímulos externos. La sensación de hambre, peligro, calor. Sentidos que el cuerpo puede interpretar solo, compartibles a través de señales básicas dentro de un grupo afín.
Lenguaje — la capacidad de asociar signos con significados y compartirlos a través de generaciones. Esto permitió una coordinación cada vez más compleja — nombrar al agua "agua" y al fuego "fuego" para coordinar tareas que los involucran, construyendo redes intersubjetivas de conceptos y narrativas transmitidas a través del tiempo.
Creación arbitraria de sentido — la construcción de relaciones entre signos y significados basadas en la imaginación. La capacidad de crear sentidos que no existen "en" la realidad: democracia, igualdad, derechos humanos, amor. Estas son construcciones imaginarias y en algunos casos totalmente arbitrarias, pero porque las compartimos colectivamente, permiten una coordinación imposible para otras especies.
La dinámica de la creación de sentido
Los sentidos compiten en múltiples dimensiones simultáneamente:
Alineación con el infinito: ¿Qué tan bien se alinea el sentido creado con la naturaleza infinita e indeterminada de la realidad? Debido a que la realidad está constantemente cambiando e interconectada sin forma final, los sentidos que funcionan en este plano deben estar estructurados para la apertura y la revisión en lugar de reclamar finalidad. Cuando las personas actúan sobre sentidos alineados con el infinito, la realidad tiende a confirmarlos con el tiempo — no porque hayan descubierto la verdad última, sino porque pueden adaptarse cuando surgen contradicciones. El animismo no pudo competir en última instancia con la comprensión científica porque la ciencia genera prácticas que funcionan mejor para predecir la realidad y puede revisarse cuando las predicciones fallan. La ciencia está alineada con el infinito. El problema surge cuando la ciencia se trata como verdad trascendente en lugar de un modelo revisable.
Poder social: ¿Cuánta fuerza se requiere para imponer este sentido? Las instituciones, la violencia, el control económico, la dominación cultural pueden sostener sentidos incluso cuando contradicen la realidad. Las jerarquías raciales persistieron durante siglos no porque reflejaran la realidad, sino porque quienes tenían el poder podían imponerlas.
Atractivo psicológico: ¿Qué tan simple, reconfortante o afirmador de identidad es este sentido? Los sentidos que ofrecen explicaciones totales, enemigos claros y fuerte pertenencia pueden persistir incluso contra la realidad y la oposición institucional. Proporcionan certeza cuando el infinito se siente abrumador. La religión es el más común de estos tipos de sentidos.
Función coordinadora: ¿Qué tan bien permite este sentido que las personas trabajen juntas? El dinero — pedazos de papel o números digitales sin valor intrínseco — se extendió globalmente porque coordinaba el intercambio más efectivamente que el trueque, permitiendo que extraños comerciaran sin confianza previa.
Estos factores interactúan de maneras complejas. Un sentido altamente alineado con el infinito pero con poco poder institucional eventualmente ganará porque la realidad sigue demostrando que tiene razón — pero puede tomar siglos y una lucha tremenda. Un sentido resistente al infinito pero psicológicamente atractivo puede persistir indefinidamente en comunidades que valoran la comodidad sobre la contradicción.
Sentidos para una vida que vale la pena
El mayor logro de la humanidad es haber institucionalizado algunas de las estructuras de sentido más magníficas: democracia — la idea de que la autogobernanza colectiva es posible y valiosa. El amor como una práctica alrededor de la cual vale la pena construir la vida. La búsqueda de la felicidad como un objetivo social legítimo, no solo un capricho privado. Los derechos humanos — la noción radical de que todos los humanos merecen dignidad y protección.
Estos sentidos no existen "en" la naturaleza. Son construcciones humanas. Y funcionan no a pesar de ser construidos, sino gracias a ello. Están alineados con el infinito — diseñados de forma abierta y en constante tensión.
La democracia no pretende ser la forma última de gobierno descubierta en la naturaleza. Está explícitamente diseñada para el desacuerdo continuo, el cambio y la revisión. Cuando deja de funcionar bien, contiene mecanismos para la reforma.
El amor no promete completitud cósmica. Es la práctica de elegir activamente conexiones con personas particulares sabiendo que todas las cosas cambian.
Los derechos humanos no son leyes eternas escritas en el cosmos. Son protecciones diseñadas que mantenemos colectivamente, interpretamos de manera diferente y evolucionamos con el tiempo.
La búsqueda de la felicidad reconoce múltiples caminos. Es una experiencia subjetiva sin fin y sin manual.
Estos sentidos son humildes respecto a su estatus. Proponen prácticas que permanecen abiertas al infinito en lugar de pretender abarcar toda la realidad.
Esto no significa que estos sentidos se extendieron sin lucha. La democracia surgió a menudo después de guerras civiles. Los derechos humanos fueron declarados "universales" por quienes simultáneamente los negaban a la mayor parte de la humanidad. La virtud de los sentidos alineados con el infinito no es que trasciendan las luchas de poder — no lo hacen. La virtud es que su apertura los hace contestables desde dentro.
Cuando los excluidos lucharon por la inclusión — las mujeres por el sufragio, los pueblos colonizados por la independencia, los trabajadores por sus derechos — pudieron exigir a estos sentidos que cumplieran sus propios principios declarados. "Afirmás 'todas las personas son libres' pero solo los hombres libres pueden votar. O cambiás o admitís que no es universal." Ese argumento fue posible precisamente porque la alineación con el infinito de estos sentidos los hacía vulnerables a sus propias contradicciones.
Esta es la virtud de la humanidad: podemos institucionalizar sentidos que, accidentados y en disputa, se alinean con un meta-sentido: que la vida vale la pena vivirla, que los humanos deberían disfrutar la existencia y que la vida humana es un regalo que vale la pena explorar.
Esto es importante remarcar: la idea de que la vida humana es valiosa, que la felicidad o el amor son objetivos sociales, no siempre han existido a lo largo de la historia. Están en constante disputa con otros tipos de sentidos que tienen valores diferentes. Y son los sentidos que deberíamos apreciar, potenciar y seguir encontrando prácticas que los hagan evolucionar.
La trampa de la filosofía occidental
La filosofía occidental tuvo una ventaja particular en crear y promover estos sentidos: su énfasis en el individuo como centro de la experiencia humana. La democracia, los derechos individuales, el amor libremente elegido, la felicidad autodefinida, incluso la ciencia — todos asumen que la libertad individual es fundamental. Por eso estos sentidos se volvieron especialmente prominentes en las sociedades occidentales.
Sin embargo, esta ventaja ocultaba un problema. Estos logros existían en tensión con los otros compromisos dominantes de la filosofía occidental: la búsqueda del sentido último — la creencia de que hay una respuesta final, una realidad finita abarcable a través de la mente, la ciencia o la revelación — y la convicción de que la identidad personal es una esencia fija por descubrir, en lugar de algo continuamente creado — tan indeterminado como la realidad infinita misma.
Esto creó una contradicción en el corazón de la modernidad occidental: promovimos sentidos alineados con el infinito en la práctica mientras permanecíamos filosóficamente comprometidos con encontrar el sentido trascendente en la teoría. La democracia se extendió mientras afirmaba ser "ley natural". Los derechos fueron declarados "verdades evidentes por sí mismas". El amor romántico es el "destino de amantes marcados por las estrellas". El éxito práctico funcionó a pesar de — o en tensión con — el compromiso teórico con respuestas últimas.
La filosofía oriental tomó un camino diferente. Las tradiciones budistas y taoístas abrazaron una concepción fluida del yo y rechazan activamente la idea de fines últimos. Esta diferencia filosófica moldeó qué sentidos institucionalizó cada cultura y explica parcialmente por qué Occidente parece estar en una crisis de sentido más profunda.
Por qué la crisis ocurrió ahora
Durante la mayor parte de la historia humana, las comunidades crearon sentidos en relativo aislamiento. La distancia geográfica y la comunicación limitada mantuvieron oculta la pluralidad de la creación humana de sentido. Tu sistema de sentido podía sentirse como la verdad sobre la realidad porque rara vez encontrabas alternativas en tu experiencia cotidiana.
Los sentidos parciales funcionaron magníficamente a la escala de comunidades aisladas — permitiendo la coordinación, transmitiendo conocimiento, construyendo civilizaciones. El infinito siempre estuvo ahí, pero permaneció oculto detrás de los límites prácticos de conexión y representación.
Pero varias tendencias estructurales hicieron innegable el infinito:
La globalización generó conectividad física a través del planeta. La mayoría de las culturas tuvieron que aceptar que su espacio y tiempo pertenecían a un espacio y tiempo unitario compartido por todos los humanos. No hay un sentido de la existencia — hay cientos de miles en conflicto y superposición.
Las telecomunicaciones crearon conexiones no espaciales. El smartphone especialmente creó un portal de video a un multiverso de experiencia humana en la palma de nuestras manos. Las imágenes nos transportan a lugares infinitos, haciendo todo emocionalmente reconocible. Ya no son historias distantes — son espejos de identidades y culturas ocurriendo en vivo.
Las economías interconectadas hicieron que la existencia material dependiera de una coordinación global que hace innegable el infinito diariamente. Todo lo que usamos, cada transacción, está hecho ahora de millones de piezas o productos fabricados o consumidos por miles de millones de personas en todo el mundo.
La inteligencia artificial reveló que incluso la inteligencia — la supuesta capacidad distintiva de la humanidad — es reproducible y escalable por nuestras propias creaciones. El miedo a la obsolescencia, la pérdida masiva de empleos o una gran disrupción en la estructura social se plantea permanentemente. Las implicaciones de la capacidad de tener "mentes infinitas" son tanto atractivas como aterradoras.
Pandemia, crisis climática y el retorno de las guerras globales — La pandemia nos mostró la interconexión y la vulnerabilidad estructural de todos los seres humanos. También manifestó que algo que ocurre en otras partes del mundo puede cambiar nuestra historia en un instante. La crisis climática, creas o no que ha pasado el punto de no retorno, se ha convertido en un tema central en la cultura mundial. Las guerras y los conflictos globales han vuelto a Medio Oriente, Europa, África e incluso América. Estas tres cosas han sacudido hasta el núcleo la seguridad existencial que los humanos tenían en los últimos 40 años.
Estas fuerzas no han cambiado la realidad — la realidad siempre fue infinita. Han cambiado nuestra capacidad de pretender lo contrario. Las salvaguardas que ayudaron a nuestros ancestros a evitar enfrentar el infinito colapsaron. El infinito se volvió innegable y constante.
Esto creó una colisión fundamental: la creación de sentido, que funcionaba perfectamente a escala local con el infinito oculto, ahora encuentra el infinito hecho visible y constante a escala global.
¿Cómo creás sentido compartido cuando las alternativas infinitas son innegables? ¿Cómo condensás expectativas cuando las opciones son visiblemente ilimitadas? ¿Cómo construís una historia plausible cuando todas las historias están simultáneamente presentes y compitiendo? ¿Cómo imaginás un futuro infinito cuando las amenazas existenciales parecen tan plausibles?
El compromiso teórico de Occidente con encontrar el sentido último colisionó con la imposibilidad práctica de mantener esa ilusión cuando el infinito y la falta de sentido se hicieron visibles.
Crisis y narrativas del fin del mundo
El resultado es la crisis de nuestro tiempo. Algunos de los síntomas más obvios son:
Epidemia de ansiedad y depresión — el colapso de la estructura de sentido se manifiesta en nuestros cuerpos y mentes. Ansiedad crónica. Depresión a tasas sin precedentes. Insatisfacción generalizada incluso en medio de abundancia material. Estas no son sólo patologías individuales sino síntomas colectivos de vivir en un infinito visible sin marcos para navegarlo. La sobrecarga constante de opciones sin un ancla. El agotamiento de defender categorías de identidad. El peso de futuros apocalípticos. La incapacidad de descansar en cualquier sentido estable del yo o propósito.
Repliegue tribal — las personas reducen la complejidad buscando asilo en comunidades de pertenencia, incluso a costa de perder autonomía y desconectarse de la realidad. Auge de fascismos, populismos, fundamentalismos. La multiplicación de categorías de identidad en cajas cada vez más pequeñas — políticas, sexuales, étnicas, religiosas — como si estas proporcionaran un sentido totalizador automático. Queremos un "braille cultural" para saber con los ojos cerrados quién está en nuestro equipo y quién no. Nos definimos a través de la negación del otro.
Incapacidad de imaginar futuros — se ha vuelto cada vez más difícil imaginar un futuro o un sentido concreto para nuestras vidas y la de nuestras sociedades. Cuando el mundo se vuelve infinitamente incomprensible, cuando todo lo externo parece amenazante, cuando el hábitat parece destruido, cuando la vida misma se siente en riesgo — ¿qué sentido puede tener la existencia? El resultado es quietismo, parálisis o repliegue hacia pasados idealizados.
Dada la atomización de actores buscando respuestas a esta crisis de sentido, un torrente incesante de distopías, utopías y conspiraciones competidoras inundan la conversación pública. Algunos quieren ver colapsar el capitalismo, otros quieren detener el progreso económico y volver a la naturaleza, las religiones están ganando protagonismo de nuevo, los nacionalismos, el populismo, el fascismo e incluso el terrorismo se vuelven atractivos otra vez para millones de personas.
Estos no son problemas separados. Son síntomas de un marco filosófico colisionando con una realidad que no puede acomodar.
Occidente enfrenta una trampa sistémica: con la infraestructura tecnológica actual y la integración económica, no se pueden crear sistemas cerrados de sentido compatibles con los valores democrático-liberales y la globalización. La infraestructura que reveló el infinito (y creó el mejor nivel de vida en la historia de la humanidad) no puede ser des-inventada sin un colapso civilizatorio.
Esto deja tres salidas:
Tribalización — retirarse a clústeres identitarios/políticos/nacionales y abandonar los valores democrático-liberales. Esto está empezando a suceder, pero no puede acelerarse porque las instituciones globales de convivencia aún se mantienen. La contradicción genera tensión constante.
Cierre autoritario — mantener la integración económica pero imponer límites políticos al flujo de información. China demuestra que este camino es viable. Con tradiciones filosóficas que aceptan la falta de sentido trascendental y sentidos centrados en la armonía colectiva en lugar de la libertad individual, China muestra que el control autoritario funciona para aliviar la crisis — limitando el flujo de información para gestionar la crisis de sentido. Esto funciona como equilibrio estable pero requiere sacrificar la libertad individual.
Transformación filosófica — abrazar la falta de sentido y rediseñar los sentidos conscientemente para una realidad infinita.
Realinearse con el infinito
La realidad existe. Es infinita. No tiene sentido trascendente — ningún propósito cósmico, ningún destino último, ninguna forma final que debamos descubrir o alcanzar.
Esta ausencia de sentido trascendente no es un problema a resolver. Es una condición a aceptar. Y aceptarla nos libera.
Una filosofía para el infinito comienza aceptando la falta de sentido: porque no hay sentido trascendente, somos responsables de los sentidos que creamos. Esa responsabilidad no es una carga — es libertad.
Una filosofía para el infinito se basa en la única variable constante de la realidad: el infinito mismo. Es abierta y completamente indeterminada, permanentemente en movimiento. No tiene categorías a priori, solo categorías a posteriori, siempre en transición. Su "centro de gravedad permanente" es, paradójicamente, la aceptación de la indeterminación de la realidad. Abraza que el cambio es la única certeza.
Esto no es nihilismo. El nihilismo cree que porque no hay sentido trascendente, nada importa. La falta de sentido reconoce que porque no hay sentido trascendente, todo lo que construimos importa — no en un sentido cósmico sino en el único sentido disponible: la calidad de la experiencia sintiente que generamos.
Entender que el sentido es construcción humana — que la realidad en su núcleo carece de sentido — no es una mala noticia. Puede ser un poderoso aliado para continuar construyendo sentidos significativos, pero conscientemente.
Los sentidos que promueve la filosofía occidental — democracia, amor, derechos humanos, la búsqueda de la felicidad — no necesitan justificación trascendente. Funcionan porque están estructurados para permanecer abiertos a la revisión cuando las prácticas y los sentidos se desacoplan.
La solución no es abandonar estos sentidos sino abrazarlos más plenamente reconociendo lo que realmente son: diseños conscientes para navegar una realidad infinita.
Esto requiere un coraje profundo. La falta de sentido es mirar al abismo — reconocer que no hay red de seguridad cósmica, ningún propósito último, ninguna validación final — y elegir construir de todos modos. No porque construir será recompensado en un sentido trascendente, sino porque somos seres finitos en una realidad infinita y al construir podemos aprovechar al máximo nuestro tiempo vivo.
La falta de sentido como práctica
La falta de sentido no es aceptación pasiva del caos. Es una herramienta activa para reconectarse con el infinito cuando el pensamiento finito nos ha atrapado.
Cuando tratamos los sentidos como verdades trascendentes, nos cerramos al infinito. Declaramos: "La realidad es ESTO, no AQUELLO."
Cuando abrazamos la falta de sentido — cuando recordamos que los sentidos son construcciones — nos reconectamos con el infinito. Podemos ver qué generan realmente las prácticas, qué permiten realmente las estructuras, qué sirven realmente los sentidos.
La práctica tiene cinco movimientos:
Reconocer la falta de sentido — reconocer que los sentidos dentro de los cuales operamos son construcciones humanas, no verdades cósmicas. Verlos claramente por lo que son.
Reconocer el infinito — entender que la configuración actual de sentidos es una entre infinitas configuraciones posibles. La realidad contiene infinitas otras posibilidades.
Reconocer cuándo los sentidos se han desacoplado de las prácticas — cuando están generando sufrimiento, bloqueando la coordinación, creando sistemas cerrados que contradicen sus propósitos declarados.
Buscar en el pasado, el presente y en la imaginación nuevas formas — explorar el mundo infinito de la experiencia humana y la creatividad para encontrar otros sentidos y prácticas por los que vale la pena vivir. El trabajo no es crear de la nada sino buscar en el infinito lo que ya existe pero permanece sin descubrir o usar su poder para crear nuevas ideas, sentidos y prácticas.
Construir y participar — involucrarse en el proceso desordenado del cambio de sentido a través de la lucha, la organización, la experimentación creativa, la construcción de alternativas.
Esto no es una técnica. La creación de sentido no es un proceso ingenieril sino un proceso humano emergente. Los sentidos surgen de las prácticas, de las luchas, de los accidentes, del juego creativo. Especialmente de la apertura a conectar con otros y con el espectro infinito de experiencias humanas. No podemos pararnos afuera y diseñarlos solo racionalmente. Pero podemos participar conscientemente en el proceso caótico del cambio de sentido cuando los sentidos existentes nos están fallando.
Los humanos siempre han hecho esto
Consideremos la música. La música carece de sentido en el sentido de que no tiene propósito cósmico trascendente. Sin embargo, es estructural para la sociedad virtuosa, para el florecimiento humano, para la alegría misma.
La música es un excelente ejemplo de la creación de sentido como práctica. No es solo racional sino emocional — entra en tu mente y tu cuerpo. Muchos de nosotros decimos "Solo me gusta este tipo de música." Pero esa es una mentira flagrante que nos decimos a nosotros mismos para evitar la ansiedad de la posibilidad infinita.
En este momento, hay más música disponible que objetivamente disfrutarías de la que podrías escuchar en múltiples vidas, y más se está creando cada día. Sin embargo, la mayoría de las personas escuchan una pequeña rotación de canciones familiares. No porque no exista música nueva o vieja que les encajaría, sino porque tendemos a cerrarnos a sentidos y realidades conocidas.
Este es el patrón en todas partes: la realidad ya contiene posibilidades infinitas para la conexión, la coordinación y la prosperidad. La restricción no es la oferta sino nuestro hábito de volver a lo que ya conocemos. Los sentidos dentro de los cuales operamos se sienten inevitables solo porque son familiares.
La falta de sentido como práctica significa reconocer que la configuración actual no es la única configuración. La realidad contiene infinitas otras posibilidades — otras conexiones, otros sentidos, otras formas de coordinar que podrían servir mejor.
Lo mismo es verdad para el arte, para la estética, para formas de organización social que no hemos probado. El infinito ya las contiene. El trabajo es buscar y construir conscientemente.
La liberación viene de reconocer: hemos sido diseñadores todo el tiempo. Los sentidos que hemos diseñado conscientemente con humildad sobre su estatus — democracia, amor, derechos humanos, la búsqueda de la felicidad — funcionan mejor que los sentidos que hemos afirmado descubrir en la naturaleza de las cosas.
Una filosofía para el infinito
Una filosofía para el infinito y la falta de sentido es la postura más afirmadora de la vida posible.
Dice: porque no hay propósito cósmico que debamos cumplir, somos libres de diseñar propósitos que valga la pena cumplir. Porque no hay sentido último que debamos descubrir, somos libres de crear sentidos por los que vale la pena vivir. Porque la realidad es infinita, las posibilidades son infinitas.
El acto más rebelde contra las narrativas del fin del mundo es este: reconectarse con el infinito, reconocer que somos diseñadores, y construir con alegría.
Tenemos puntos de referencia. La democracia muestra que los sistemas diseñados pueden funcionar precisamente porque admiten que son diseñados. El amor muestra que la conexión elegida sin permanencia garantizada es más hermosa que las promesas de completitud. Los derechos humanos muestran que los compromisos colectivos que mantenemos juntos son más duraderos que las leyes naturales que afirmamos descubrir.
No tenemos nada más que hacer que construir sentidos colectivos que nos ayuden a tener mejores experiencias sintientes.
Cuando los sentidos y las prácticas se desacoplan, cuando las instituciones fallan, cuando el futuro se siente bloqueado — la falta de sentido nos reconecta con el infinito. Recordamos: la configuración actual no es la única posible. Podemos construir de nuevo, diferente, mejor.
Esta filosofía es en sí misma una estructura de sentido, un marco para la navegación. No pretende ser una verdad última. Se propone conscientemente. La prueba no es si es verdadera en algún sentido trascendente sino si funciona — si ayuda a navegar la crisis que estamos experimentando, si abre posibilidades que se sienten cerradas, si permite nuevos caminos hacia la prosperidad humana.
Una filosofía para el infinito es un recordatorio de que aunque la vida no tenga sentido trascendente, es suficiente para que valga la pena vivirla.
Exploraciones futuras
Este ensayo está escrito conscientemente a un alto nivel de abstracción, casi como un manifiesto. Las exploraciones futuras de esta idea necesitan captar una realidad más concreta y demostrar que puede funcionar como una hoja de ruta o incluso una metodología. Aquí hay algunas ideas:
El infinito en la cultura
La idea del infinito ha estado floreciendo consciente o inconscientemente en productos culturales en las últimas décadas. El clímax siendo que una de las últimas películas en ganar los Oscar se llama literalmente "Everything, everywhere, all at once" (Todo a la vez en todas partes). Pero también podemos ver el infinito (también implícito en viajes en el tiempo, multiversos, etc.) en muchas de las películas de la franquicia Marvel, en canciones y álbumes (como "Everything Now" de Arcade Fire), en series de TV como Rick and Morty, en documentales como Baraka o Samsara. En El Aleph de Borges. Me gustaría rastrear todas esas conexiones. Cómo la cultura popular ha estado reflejando que la idea del infinito está cada vez más presente en nuestras mentes.
Spotify, un algoritmo del infinito
Siempre he encontrado que Spotify es un algoritmo muy bien alineado con el infinito. Primero, intenta contener casi todo lo que se haya grabado. Y luego te deja buscar álbumes, años, géneros, músicos. Te ayuda a descubrir cosas nuevas con el DJ de IA o el Discover Weekly. Te dice otras bandas que se relacionan con las que te gustan. Bien usado, es una máquina del infinito que te permite enamorarte cada día de una nueva canción que no hubieras podido conocer hace 20 años.
La falta de sentido como marco para el entrenamiento de IA
Dado que la IA se ha convertido en uno de los Zeitgeist de nuestro tiempo, estuve pensando que tiene un defecto fundamental. Como está entrenada en todo lo que los humanos escribieron alguna vez, tiene la búsqueda del sentido último inconscientemente codificada en su constitución. Me pregunto, y me gustaría explorar, qué pasaría si entrenaras una IA para tomar la falta de sentido como punto de partida filosófico. ¿Qué otras cosas podría crear? ¿Qué capacidades adquiriría si el sentido no estuviera implícito en su comprensión de la realidad?
El infinito en la política
¿Qué debería hacer Occidente para reconectarse con un liderazgo político y filosófico en el mundo bajo este marco? Lo primero sería reconocer la falta de sentido. ¿Qué son los estados-nación, las fronteras, las barreras económicas entre países, sino un arreglo arbitrario y temporal? Por supuesto, muchos de estos arreglos tienen raíces históricas comunitarias lógicas, luchas de poder, delimitaciones étnicas y sociales, accidentes geográficos que delimitan territorios. Pero también son históricos, y algo contingente que ya ha cambiado muchas veces en los últimos siglos. ¿Qué es la democracia? Parece que perdió su tensión como una práctica infinita construida humanamente y se ha naturalizado como algo que funciona exógeno de la participación activa de los humanos en modelarla. ¿Por qué las figuras polarizadoras o las personas con narrativas totalizadoras ganan elecciones? Me gustaría desafiar algunas de estas ideas a través de la lente de este ensayo e intentar entender qué puede aportar un marco de infinito y falta de sentido para abrir algunos nuevos debates.
Estas son solo algunas direcciones donde la falta de sentido como práctica podría iluminar caminos hacia adelante. El infinito contiene muchas más esperando ser exploradas.